miércoles, 19 de octubre de 2011

El gusano y la mariposa

Había una vez un gusano que iba por el campo. Era de color blanco con puntos verdes en la espalda. Nadie lo quería porque decían que era feo y repugnante. El pobre gusano se arrastraba muy triste por el suelo. Cuando llegaba a una planta, todos los insectos que había en ella se burlaban de él. No encontraba a nadie que le hiciera compañía, o quisiera jugar con él.
 La única distracción que tenía, era subirse a lo alto de un árbol y ver volar a las mariposas. Daría cualquier cosa por volar como ellas. Pasaba horas observándolas. Pero cuando bajaba al suelo, volvía a encontrarse con las mismas burlas e insultos de siempre. Cansado de todo esto, decidió subirse a lo más alto de un árbol para que nadie pudiera encontrarlo. Nunca más volvería a bajar al suelo.
 Un día, una mariposa se puso a descansar en la rama dónde estaba él. El gusano se acercó a ella y comenzaron a hablar. Al final se hicieron muy amigos. Y desde entonces, pasaban largos ratos hablando y estando juntos. Después de un tiempo, el gusano le hizo esta pregunta:
  - ¿Por qué has querido ser mi amiga si nadie me quiere por lo feo y repugnante que soy?
  Y la mariposa respondió:
  - Lo que importa para ser amigos, no es cómo eres por fuera, sino lo buena persona que eres por dentro.
EL gusano estaba muy contento porque había encontrado a un amigo de verdad. Estaba tan feliz, que una noche mientras dormía en lo alto de un árbol, su cuerpo comenzó a transformarse. A la mañana siguiente, se había convertido en una mariposa bellísima, como nunca se había visto. Cuando su amiga mariposa vino a verle, y vio lo que había ocurrido, se alegró mucho y dijo:
- Ahora has sacado hacia fuera la belleza y lo buena persona que antes eras por dentro.
 Y las dos se pusieron a volar juntas. Desde ese momento, cada vez que veían un gusano triste en lo alto de alguna rama, bajaban y se ponían junto a él. Y se volvía a repetir la misma historia.